sábado, 12 de julio de 2008

Rosetta: Realidad en primer término

El cine es un lenguaje que a lo largo de los años se ha asociado con el concepto de espectáculo y la obnubilación de los sentidos, esto en términos generales presupone una ilusión de realidad que se muestra en pantalla. Si bien en un principio el mismo cinematógrafo es un emulador, desde los inicios también se le otorgó el carácter de registro de lo real a la cámara, que funcionaba más a manera documento para que el público comprobara la noción de movimiento.

Después incluso la misma historia se encargó de proyectar películas con fines de entretenimiento, así las clasificó de acuerdo con el gusto del espectador que a manera de turista iba a la sala de cine para apartarse del mundo real e involucrarse con un universo recreado.

Sin embargo hay películas que presentan la realidad de forma tan cruda, íntima y cercana, cuyo fin no es el espectáculo, sino el acercamiento más vívido del espectador con la realidad, el seguimiento de acciones; un cine que explorando el interior de los personajes logre plantear postulados en un orden más allá de lo formal, que exteriorice el conflicto interno de un personaje ficcionado (pero como toda ficción, abstraído de la realidad) para proyectarlo hacia el exterior, alejándose de lo aparente para llevar mensajes de tipo discursivo, que van desde un intento de contextualización histórica hasta un nivel de denuncia y que se podrían enmarcar dentro de las vanguardias y los movimientos cinematográficos de la post guerra; en los que cabe mencionar al neorrealismo italiano y al rechazo de los artificios para presentar personajes de carne y hueso, así como escenarios que la gente pudiera reconocer como cotidianos, reales.

Ubicándonos un poco más cerca en el tiempo, dentro de este orden de filmes que rechazan el cine como entretenimiento podrían incluirse los realizados por Lars Von Trier, y los realizadores del llamado Dogma95 en Dinamarca, así como el cine propuesto por los hermanos Luc y Jean Pierre Dardenne (La Promesa), en Bélgica. Estos últimos son realizadores de cuyas obras podría incluso afirmarse que es un cine que exterioriza lo interior, a través de una exploración profunda de los personajes que muestran la cara amarga de un país absorbido por el capitalismo y sus nefastas consecuencias sobre los sectores oprimidos.

Con Rosetta -ganadora de la palma de oro del Festival de Cannes en 1999- Los hermanos Dardenne nos presentan la historia de una adolescente que en su desesperando afán de supervivencia va desencadenando una serie de comportamientos violentos en el momento que ve amenazado su único refugio: el trabajo.

La protagonista de esta película es un personaje real, una mujer que sufre las presiones del medio, que debe soportar no sólo peso de su propia vida, sino también la de su madre: una mujer alcohólica, insegura e incapaz de confrontar la pobreza, de vivir en un trailer, de buscar un sustento diario; una mujer que se niega a ser pobre en un país de ricos. Y es que la forma de abordar el conflicto social en los hermanos Dardenne no está latente en una denuncia explícita, sino que es a través de un examen minucioso de los personajes, que logran argumentar la presión del mundo externo y contextualizar el conflicto.

“En el plano más político, Rosetta evita la denuncia explícita y el panfleto social, pese a que en el fondo de su trama, en el centro, se ubica un discurso que busca desnudar la crueldad de un sistema económico y social en el que bajo una superficie de aparente prosperidad, justicia y solidaridad, se esconde el simple hecho de que cualquier sistema social se compone de seres humanos que cargan cada uno sus propias cruces y problemas, y en el que eliminados algunos vínculos básicos (fundamentalmente la familia y el trabajo), un personaje cualquiera se puede quedar fácilmente a la deriva y en la indefensión más devastadora”1.

Rosetta al igual que un filme neorrealista de la post guerra es una película que rechaza el espectáculo y que en contraposición de los filmes de entretenimiento, pretende mantener al espectador conciente del mensaje; justificando de esta manera una cámara que de manera casi voyeurista -como las cámaras de los noticiarios- son poco cuidadosas en la necesidad primaria de recrear un mundo posible. Aquí el espectador está planteado para ser un observador analítico, sin ninguna pretensión de empatía y obnubilación, y que como si se tratara de alguien que ve a través de un microscopio, puede presenciar todo el peso del alma de su protagonista de la misma manera que se podría ver en un filme de corte documental, sólo que acá la realidad “recreada” resulta excesivamente contundente, opresiva y dolorosa.
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1-FERNÁNDEZ ALMENDRAS, Alejandro. El cine del presente, Rosetta. En: Revista de cine Mabuse. [En línea] (2006). [Consultado 27 de Junio. 2008]. Disponible en http://www.mabuse.cl/1448/article-75045.html

lunes, 11 de febrero de 2008

Atonement


Sinopsis*

En el verano de 1935, Briony Tallis, una precoz escritora de 13 años, cambia irremediablemente el curso de varias vidas cuando acusa al amante (James McAvoy) de su hermana mayor (Keira Knightley) de haber cometido un crimen en el que no tuvo nada que ver.
*Tomado de http://www.filmaffinity.com/

Por Tadeshina

Darle vida a un objeto inanimado es algo que Joe Wrigth (Orgullo y Prejuicio) domina a la perfección. Si bien la máquina es un objeto que sólo permite materializarse a través de las manos de otros, en Atonement adquiere un papel casi protagónico; pues es a partir de este elemento que se inicia la trama, se desarrolla y retrocede; es además una herramienta narrativa, sonora y de montaje. Es gracias a la máquina que Briony da rienda suelta a esas fantasiosas historias que terminan por desencadenar una tragedia; es también gracias a ésta que Robbie transforma en una corta y lujuriosa misiva el deseo que siente por Cecilia -y que a la larga también es un detonante en la parte introductoria de la historia- Y finalmente es gracias a este objeto omnipresente, que la joven Briony logra perfeccionar su talento y darle vida a personajes olvidados, muertos.

De manera que tampoco resulta difícil relacionar otros aspectos del filme con la máquina de escribir: el montaje, por ejemplo, tiene cierto ritmo al principio, es fresco, dinámico, sutil - en la medida que se sale la convencional linealidad de las películas románticas de época- la música (Dario Marianelli) y los decorados sonoros parecen ir al mismo ritmo, se devuelven, avanzan, con acordes cortos y pausados que dan la impresión de estar escuchando puntos y comas. Sin embargo, en el que se podría llamar segunda acto de la película, es decir, cuando se contextualiza en el momento de la guerra, da la impresión de perderse el ritmo, y los flashbacks en lugar de convertirse en un recurso que le da viveza a la narrativa audiovisual, se vuelven reiterativos y a veces inconexos; entonces es aquí donde el espectador quiere abandonar por un momento el barco, porque narrativamente da la impresión de haber venido de una tempestad para pasar a la perpetua y soporífera quietud, pero cuando todo parece darse por perdido el desenlace del argumento resuelve de manera inteligente el tiempo muerto y cierra la historia con un broche de lujo.

Estéticamente es un filme bien realizado y es algo en lo que Nick Gottschalk y Niall Morones (directores de arte) tuvieron especial cuidado. Los decorados, escenarios, vestuario y maquillaje están perfectamente adaptados a la época y dan una constante sensación de frescura. De la misma manera, la fotografía se destaca por su impecable conexión con la historia y en general por dotar de una atmósfera equilibrada el universo dentro del filme.

En conclusión es una película que vale la pena ver, que narrativamente tiene ciertas falencias que hacen perder el ritmo con el que despega la historia, pero que al final se resuelve como lo hacen los buenos directores y convierten la película en una joya, valiosa en términos estéticos.