
Sinopsis*
En el verano de 1935, Briony Tallis, una precoz escritora de 13 años, cambia irremediablemente el curso de varias vidas cuando acusa al amante (James McAvoy) de su hermana mayor (Keira Knightley) de haber cometido un crimen en el que no tuvo nada que ver.
*Tomado de http://www.filmaffinity.com/
Por Tadeshina
Darle vida a un objeto inanimado es algo que Joe Wrigth (Orgullo y Prejuicio) domina a la perfección. Si bien la máquina es un objeto que sólo permite materializarse a través de las manos de otros, en Atonement adquiere un papel casi protagónico; pues es a partir de este elemento que se inicia la trama, se desarrolla y retrocede; es además una herramienta narrativa, sonora y de montaje. Es gracias a la máquina que Briony da rienda suelta a esas fantasiosas historias que terminan por desencadenar una tragedia; es también gracias a ésta que Robbie transforma en una corta y lujuriosa misiva el deseo que siente por Cecilia -y que a la larga también es un detonante en la parte introductoria de la historia- Y finalmente es gracias a este objeto omnipresente, que la joven Briony logra perfeccionar su talento y darle vida a personajes olvidados, muertos.
De manera que tampoco resulta difícil relacionar otros aspectos del filme con la máquina de escribir: el montaje, por ejemplo, tiene cierto ritmo al principio, es fresco, dinámico, sutil - en la medida que se sale la convencional linealidad de las películas románticas de época- la música (Dario Marianelli) y los decorados sonoros parecen ir al mismo ritmo, se devuelven, avanzan, con acordes cortos y pausados que dan la impresión de estar escuchando puntos y comas. Sin embargo, en el que se podría llamar segunda acto de la película, es decir, cuando se contextualiza en el momento de la guerra, da la impresión de perderse el ritmo, y los flashbacks en lugar de convertirse en un recurso que le da viveza a la narrativa audiovisual, se vuelven reiterativos y a veces inconexos; entonces es aquí donde el espectador quiere abandonar por un momento el barco, porque narrativamente da la impresión de haber venido de una tempestad para pasar a la perpetua y soporífera quietud, pero cuando todo parece darse por perdido el desenlace del argumento resuelve de manera inteligente el tiempo muerto y cierra la historia con un broche de lujo.
Estéticamente es un filme bien realizado y es algo en lo que Nick Gottschalk y Niall Morones (directores de arte) tuvieron especial cuidado. Los decorados, escenarios, vestuario y maquillaje están perfectamente adaptados a la época y dan una constante sensación de frescura. De la misma manera, la fotografía se destaca por su impecable conexión con la historia y en general por dotar de una atmósfera equilibrada el universo dentro del filme.
En conclusión es una película que vale la pena ver, que narrativamente tiene ciertas falencias que hacen perder el ritmo con el que despega la historia, pero que al final se resuelve como lo hacen los buenos directores y convierten la película en una joya, valiosa en términos estéticos.
En el verano de 1935, Briony Tallis, una precoz escritora de 13 años, cambia irremediablemente el curso de varias vidas cuando acusa al amante (James McAvoy) de su hermana mayor (Keira Knightley) de haber cometido un crimen en el que no tuvo nada que ver.
*Tomado de http://www.filmaffinity.com/
Por Tadeshina
Darle vida a un objeto inanimado es algo que Joe Wrigth (Orgullo y Prejuicio) domina a la perfección. Si bien la máquina es un objeto que sólo permite materializarse a través de las manos de otros, en Atonement adquiere un papel casi protagónico; pues es a partir de este elemento que se inicia la trama, se desarrolla y retrocede; es además una herramienta narrativa, sonora y de montaje. Es gracias a la máquina que Briony da rienda suelta a esas fantasiosas historias que terminan por desencadenar una tragedia; es también gracias a ésta que Robbie transforma en una corta y lujuriosa misiva el deseo que siente por Cecilia -y que a la larga también es un detonante en la parte introductoria de la historia- Y finalmente es gracias a este objeto omnipresente, que la joven Briony logra perfeccionar su talento y darle vida a personajes olvidados, muertos.
De manera que tampoco resulta difícil relacionar otros aspectos del filme con la máquina de escribir: el montaje, por ejemplo, tiene cierto ritmo al principio, es fresco, dinámico, sutil - en la medida que se sale la convencional linealidad de las películas románticas de época- la música (Dario Marianelli) y los decorados sonoros parecen ir al mismo ritmo, se devuelven, avanzan, con acordes cortos y pausados que dan la impresión de estar escuchando puntos y comas. Sin embargo, en el que se podría llamar segunda acto de la película, es decir, cuando se contextualiza en el momento de la guerra, da la impresión de perderse el ritmo, y los flashbacks en lugar de convertirse en un recurso que le da viveza a la narrativa audiovisual, se vuelven reiterativos y a veces inconexos; entonces es aquí donde el espectador quiere abandonar por un momento el barco, porque narrativamente da la impresión de haber venido de una tempestad para pasar a la perpetua y soporífera quietud, pero cuando todo parece darse por perdido el desenlace del argumento resuelve de manera inteligente el tiempo muerto y cierra la historia con un broche de lujo.
Estéticamente es un filme bien realizado y es algo en lo que Nick Gottschalk y Niall Morones (directores de arte) tuvieron especial cuidado. Los decorados, escenarios, vestuario y maquillaje están perfectamente adaptados a la época y dan una constante sensación de frescura. De la misma manera, la fotografía se destaca por su impecable conexión con la historia y en general por dotar de una atmósfera equilibrada el universo dentro del filme.
En conclusión es una película que vale la pena ver, que narrativamente tiene ciertas falencias que hacen perder el ritmo con el que despega la historia, pero que al final se resuelve como lo hacen los buenos directores y convierten la película en una joya, valiosa en términos estéticos.
